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CONTRA EL PINGALISMO CASTRISTA/ "Se que no existe el consuelo que no existe la anhelada tierrra de mis suenos ni la desgarrada vision de nuestros heroes. Pero te seguimos buscando, patria,..." - Reinaldo Arenas
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lunes, julio 27, 2009

El fracaso de TV Martí ( 7, CAPÍTULO FINAL )
Huber Matos Araluce/Cubanálisis-El Think-Tank
El propósito de nuestros enemigos era descarrilar a la Voz del CID y TeleCid.
Si las armas apuntaban en este momento hacia mí, es una cuestión estrictamente circunstancial. Creen que eliminándome dejan a mi padre y al CID sin su brazo derecho.
Podría parecer así, pero estaba seguro de que, aunque mi padre, el Comandante Huber Matos, era el factor de cohesión, la organización no dependía de una sola persona. Mi responsabilidad era la Secretaría de Prensa e Información, encargada de las transmisiones de radio y televisión hacia Cuba; cada grupo de trabajo funcionaba casi en forma independiente, con personas capaces y dedicadas.
No por eso podía pasar por alto la seriedad de la situación: la posibilidad de que la dictadura tuviera un agente secreto en Washington que nos estuviese perjudicando, o algo aun más serio. Jeanne Kirkpatrick me había comentado sobre lo mismo cuando era embajadora de los Estados Unidos en la ONU y miembro del Consejo de Seguridad Nacional del gobierno de Ronald Reagan.
En una recepción la vi mirarme fijamente, como si tratara de comunicarme algo con urgencia. Caminé pasando cerca de donde estaba y se me acercó; con discreción y en voz casi imperceptible me dijo:
-Cuidado… tenemos la sospecha de que la persona con la que estás conversando puede estar trabajando para la otra parte… cuando me veas salir sígueme, que quiero hablarte...
Cuando Kirkpatrick se despedía fui hasta el elevador. Allí, acompañada de dos guardaespaldas que parecían jugadores de fútbol americano, me dijo:
-Te pedí que vinieras porque no tenía tiempo de verte en la oficina... y necesito un favor… ¿conoces a…?
Se refería a un famoso personaje latinoamericano.
-No, no lo conozco...
-Necesito que lo vayas a ver… lo que tengo que transmitirle no puede hacerlo el embajador nuestro… quiero que de parte mía le digas…
El mensaje era fuerte, la persona a quien iba dirigida era polémica, y además ella exigía una respuesta. Pero era mi amiga y quería corresponderle. Kirkpatrick tenía roces en el Consejo de Seguridad Nacional; el mensaje que llevaría podía ser conflictivo si se conocía en el Departamento de Estado, y si se filtraba a la prensa se haría un escándalo.
-OK... yo voy y te traigo una respuesta...
Lo que me comentó después me sorprendió bastante más:
-Te voy a decir algo que debe quedar entre los dos: lo de Cuba no es fácil, y tú tienes un camino muy largo por delante, no lo olvides… hay documentos en Washington relacionados con Cuba que a mí no me permiten leer… están en una caja de seguridad… esto me preocupa y me disgusta…
Pasaron varios años. Ahora quien necesitaba ayuda era yo, pero Jeanne Kirkpatrick ya no estaba en el gobierno. Había una conspiración para desmantelarnos, y acusaciones personales contra mí.
Hice dos viajes a Washington. Esperaba que alguien me recriminara sobre el proyecto de TeleCID, pero nosotros no teníamos que pedir permiso, y yo no iba a dar explicaciones. Además, cuando las autoridades norteamericanas amenazaron con mandarme a la cárcel por dos años, multarme con $200,000 y deportarme cuando cumpliera la condena, conseguimos el apoyo de un presidente latinoamericano para transmitir la televisión a Cuba, usando la bandera de su país en un barco.
Después de un encuentro en que, inusitadamente, se discutió la legalidad de las transmisiones de radio que no se hacían desde Estados Unidos, una persona que siempre me había demostrado una franqueza casi brutal y una amistad sincera me dijo en privado:
-Trata de sacar de los Estados Unidos lo que puedas de la programación de radio… y vete… no demores… Huber… no te he dicho nada… y no me preguntes nada.
Regresé a Miami rápidamente y viajé a Costa Rica. Con anterioridad la mayor parte de los programas de radio se habían hecho en San José. Luego se fueron haciendo en Miami, desde donde se enviaban por satélite al transmisor en otro lugar de Latinoamérica, y desde allí a Cuba.
De vuelta en Miami me esperaba una extraña sorpresa.
En Cuba había un personaje importante del gobierno con quien yo quería establecer contacto. Meses atrás había conversado el asunto con un funcionario de alto nivel de la CIA, advirtiéndole que si ellos trataban de hacer el contacto fracasarían. Yo haría el trabajo y si había información que les sirviera podíamos compartirla.
No quería ni el pago de los gastos, lo único que necesitaba era que me avisaran en qué país se encontraba, cuando la persona hiciera un viaje fuera de Cuba. En eso quedamos.
Sin embargo, en Miami, por una falla de un agente del FBI, me entero de que ellos estaban al tanto de lo del individuo en Cuba y de la forma en que nosotros lo pensábamos contactar.
¿Por qué un agente del FBI de Miami tenía que saber esto? El FBI no tiene nada que ver con inteligencia fuera de los Estados Unidos.
Además, si lo sabía el FBI en Miami ¿qué me garantizaba que no lo supiera ya el servicio de inteligencia castrista?
¿Cómo lo supo el FBI en Miami? ¿Se habrían enterado monitoreando un teléfono, o habría sido la CIA?
Que yo supiera, nada de este asunto se había conversado por teléfono. ¿Traición o descuido?
Me prometí que nunca más esto me volvería a pasar.
Hablé con la persona que serviría de contacto y le dije:
-Borra el asunto de tu memoria y si te vienen a chantajear mándalos al carajo… sea la CIA o sea el FBI, aquí hay una trampa, y por error mío o de ellos van a fusilar un hombre en Cuba…
El objetivo era un alto oficial de las fuerzas armadas que luego murió.
Una semanas después, estando en Washington, recibí una llamada de Miami: había una crisis en un negocio médico en que yo era uno de los accionistas.
-Llegaron muchísimos agentes del FBI… vinieron con periodistas y con la televisión… preguntaron por las armas y el dinero.
El único dinero que encontraron era el de la recepcionista. Ella tenía $2,000 para comprar un auto, y casi se los quitan; por suerte pudo demostrarlo llamando al lugar donde iba a comprar el auto.
-Hay un caos, los pacientes están asustados y los médicos también. Se han llevado todos los expedientes y no podemos trabajar…
Me quedé estupefacto. Hacía menos de un mes un “amigo” me había ofrecido 400 libras de explosivo regalados. Aquella oferta me pareció fuera de lugar, nosotros no éramos terroristas, y no la acepté.
En Miami un abogado experto estudió la situación. Sus comentarios no fueron nada esperanzadores:
-Ustedes están en problemas... y yo no creo que pueda ayudarlos… esto no es una cuestión legal… es un asunto político contra el Sr. Matos…
Le insistí en que vivíamos en los Estados Unidos y que allí se respetaban las leyes. Me respondió:
-Si…eso lo enseñan en las escuelas… pero en un caso así los únicos que tienen los recursos para enfrentarse con el gobierno federal son IBM o AT&T… y usted no es ninguna de las dos…
La clínica continuó funcionado, porque un juez obligó al FBI a permitir que se hicieran copias de los miles de expedientes médicos que se habían llevado.
Poco tiempo después, por presiones del FBI, Medicare suspendió los pagos. Todavía no se había celebrado un juicio, pero ya el negocio estaba en quiebra y con la reputación destruida.
Entre aquellos miles de expedientes se encontraron un grupo muy pequeño de procedimientos médicos que habían sido ordenados por doctores como diagnósticos preventivos, pero que podían parecer, a los ojos de un inexperto, hechos con la intención de estafar a Medicare. Era un asunto especializado que tenían que evaluar doctores en lugar de policías.
Otras acusaciones sobre pago de comisiones también eran debatibles, pero nuestro abogado insistía en que todo era un asunto político.
Nunca aparecieron los millones de dólares de la supuesta estafa. En ninguna cuenta de banco, ni en ningún gasto de nadie.
Pero el daño a mi reputación e, indirectamente, al CID, estaba hecho.
Silvino había tenido siempre la razón. Y lo peor era que no podía defenderme de las acusaciones.
Para defenderme tenía que hacer pública información confidencial y comprometedora: cuáles eran mis verdaderas actividades, qué países, qué servicios secretos, qué presidentes, qué ministros nos ayudaban. Cuáles eran mis relaciones, de dónde venia el dinero, etc.
Eran demasiadas personas y gobiernos que habían confiado en nuestra discreción y compromiso.
¿Les iba a pedir que vinieran de testigos? Yo no podía ponerlos al descubierto.
Hablar equivalía a liquidar la Voz del CID , TeleCID y la organización. Si hablaba, la dictadura armaría un escándalo mayúsculo.
Callar era mi única opción para intentar salvar las transmisiones a Cuba. Eso era mucho más importante que mi prestigio.
Callé por quince años. Hoy lo que diga la dictadura ya no tiene ninguna credibilidad, muchas de las personas que nos ayudaron ya no están en posiciones clave, y sobre lo que no debo hablar, seguiré guardando silencio.
Con el problema de la clínica en los medios, y mi reputación cuestionada, mi padre tendría que hacerse cargo de la operación de la Voz del CID: le sobraba capacidad para hacerlo.
El proyecto de TeleCID era otro asunto: empezamos a tener problemas económicos, los ingresos disminuyeron considerablemente, y lo peor estaba por delante.
Le dije a mi esposa que teníamos que poner aproximadamente $200,000 dólares, que era el ahorro de toda la vida, incluido lo que habíamos ganado de la venta de una casa en Miami y parte de un restaurante en Costa Rica, y los ahorros de las ganancias de la fábrica de ropa y de tres tiendas.
Ella, que era otro soldado, estuvo de acuerdo. El dinero se gastó en el proyecto de radio.
Regresé a Costa Rica. La fábrica de ropa y las tres tiendas que había dejando doce años atrás estaban casi en la quiebra. Mi esposa y mis hijos no podían venir de Miami porque no teníamos dinero.
Robert Wilkinson, el amigo y agente de la CIA, le prestó $5,000 para que sobreviviera unos meses: él había tenido razón, algo terrible me habría de pasar. Quizás hasta supo lo que sucedería.
Entonces apareció un agente de la CIA a conversar con mi esposa en Miami. Era un cubano de mediana edad, que ya hace rato debe estar retirado; seguramente leerá estas líneas.
Ya sabían que nuestros ahorros se habían evaporado, le ofreció darle $200,000 dólares a cambio de que yo le suministrara la lista de todas las personas que habían trabajado en los proyectos.
Ella ni me consultó y le dijo:
-Ustedes saben cómo es mi marido… y saben que no va a aceptar…
La Voz del CID seguía transmitiendo, pero el no poder responder a las acusaciones contra mí me afectaba seriamente.
Una tarde, en San José, en el cuarto de la casa de mis suegros donde dormía, no pude contenerme más y lloré amargamente. Lloré como nunca lo había hecho en mi vida. Le reclamé a Dios por lo que me estaba sucediendo. Le dije que Él mejor que nadie sabía cómo había cuidado el nombre de mi padre, que era mi más preciada herencia, que era lo que tenía para ayudar a mi pueblo y dejar a mis hijos. Le dije entre sollozos:
-Tú sabes cuántas oportunidades tuve de hacer negocios turbios y nos lo hice… de quedarme con parte de los millones de dólares que había manejado con absoluta discreción y no lo hice… no lo hice porque eran recursos tuyos confiados a mí…¿por qué, Dios mío…?¿por qué me está pasando esto…?
Cuando el llanto cedió no sé por qué dirigí la vista hacia la mesa de noche: allí había una Biblia.
Me pareció curioso. Yo creía en Dios, pero no era hombre de ir a la iglesia. Me senté en la cama, la tomé y la abrí al azar.
Era la historia de Job, aquel personaje bíblico cuya lealtad Dios probó permitiendo que el diablo le quitara todos sus bienes. En su desgracia Job siguió leal a Dios, y por eso luego fue recompensado.
Yo pensé:
-No voy a creerme que esto es una respuesta de Dios, no soy de los que creen oír Su voz o leer Su pensamiento…pero tal vez esto no es accidental… a lo mejor me está probando…o me está entrenando…
En ese instante decidí pasar la prueba; algo me llenó de tranquilidad y determinación.
La Voz del CID siguió transmitiendo por algunos meses, hasta que alguien dio la orden de apagar el transmisor.
Mi padre pidió ayuda a los congresistas cubano-americanos Ileana Ross, Lincoln Díaz-Balart y Bob Menéndez. En Washington, ellos y mi padre se reunieron con el presidente del país donde estaba el transmisor.
Mi padre le explicó al presidente lo importante que era la programación de radio para la lucha por la libertad del pueblo cubano. Los congresistas lo apoyaron. El presidente les aseguró que tan pronto regresara a su país daría órdenes para que se nos permitiera comenzar a transmitir de nuevo.
Así fue. La Voz del CID salió al aire, pero después de varios días se presentó el embajador norteamericano en el Ministerio de Defensa con una amenaza:
-Si ustedes permiten que esa emisora siga transmitiendo, nosotros les vamos a quitar a ustedes toda la ayuda militar y también la asistencia al gobierno...
Unas horas después la Voz del CID fue silenciada para siempre. Bill Clinton era el presidente de Estados Unidos.
Desde aquellos tiempos hasta hoy el gobierno norteamericano ha gastado en Radio y TV Martí cientos de millones de dólares.
Una buena parte de esos recursos han sido dedicados a TV Martí, una estación que no se ve en Cuba, lo que viene a darle una especie de victoria permanente a la dictadura.
TV Martí podría verse si utilizaran la técnica de propagación que fue un éxito para TeleCID.
¿Cuánto se podría haber hecho con 500 millones de dólares?
Siempre recuerdo aquella expresión del amigo presidente latinoamericano:
-Quizás Washington está contento de que TV Martí no se vea en Cuba…
En la década de los noventa el CID (Cuba Independiente y Democrática), era la única organización del exilio cubano con un mensaje de libertad, progreso, justicia social y soberanía nacional, que había logrado dentro de Cuba credibilidad y respeto. Tenía los medios de comunicación –la Voz del CID– y estaba a punto de iniciar en forma regular las transmisiones de televisión a Cuba.
Esa credibilidad se basaba en cuatro pilares:
1. No se planteaba un mensaje contra-revolucionario ni anticastrista, sino demócrata y revolucionario
2. No predicaba la violencia, sino la necesidad de que el pueblo y los militares cubanos llegaran a un acuerdo para lograr un cambio hacia una democracia solidaria con los más necesitados, respetuosa de los derechos humanos y capaz de brindar a la actividad privada el clima que permitiera el desarrollo económico del país, dentro de parámetros de responsabilidad social.
3. No éramos enemigos de Estados Unidos, ni tampoco sus incondicionales. Nos identificábamos principalmente con Latinoamérica, con los grandes problemas de exclusión en nuestros países, con la pobreza, el racismo etc. Repudiábamos las dictaduras y la corrupción de los políticos que debilitaban las democracias de la región.
4. La dirigía un comandante que se había destacado por su capacidad y audacia en la Sierra Maestra, y que a diez meses del triunfo de la revolución, en Octubre de 1959, había denunciado públicamente la traición de los ideales democráticos prometidos a la nación, arriesgándose al fusilamiento por tratar de abrirle los ojos a un pueblo que en ese momento creía ciegamente en Fidel Castro. Un hombre que durante dos décadas de prisión no claudicó un centímetro, no aceptó ofertas de liberación condicionada, y hasta el último día mantuvo una rebeldía frontal contra el sistema y sus carceleros.
El régimen castrista, que desde su vuelco al marxismo-leninismo se había convertido en parásito de la URSS, quedó sin su fuente de subsidio con el desplome del imperio soviético en 1990. Nunca el régimen había estado más vulnerable y el regreso a los niveles de vida anteriores era prácticamente imposible.
Era el momento propicio para que el CID comenzara su crecimiento exponencial en la isla. Teníamos información de que la dictadura estaba completamente consciente de ese potencial. Tratarían de detenernos a cualquier costo.
Por otro lado, había en esos momentos una organización en el exilio, la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) dirigida por un cubano millonario hábil y trabajador: Jorge Mas Canosa. Con millones de dólares que recogían entre sus afiliados, los hombres más ricos del exilio habían logrado desarrollar un poder de cabildeo formidable en Washington.
Podían intimidar o persuadir a cualquier político en el congreso. Hasta el Presidente de Estados Unidos prefería tenerlos de su lado. Controlaban Radio Martí, TV Martí, y todo lo que tuviera que ver con Cuba de parte del gobierno federal. Hasta la Agencia Central de inteligencia -CIA- les temía.
El hecho de que la Voz del CID tuviera más credibilidad que Radio Martí en Cuba les enfermaba y les preocupaba, principalmente a Mas Canosa, quien ambicionaba ser el próximo presidente de Cuba a cualquier costo.
Habían embarcado a Washington en el multimillonario proyecto de TV Martí, que desde el principio nosotros sabíamos que sería un fracaso.
Cuando se dieron cuenta de que la señal de televisión de TeleCID sí llegaría a Cuba y sería difícil de bloquear, decidieron declararnos la guerra total, la guerra que hasta ese momento había sido sutil aunque efectiva.
El ex-preso político plantado Silvino Rodríguez Barrientos me lo advirtió: él tenía información confidencial de la decisión.
Cuando el representante de la Florida en el Congreso comenzó a señalar, en reuniones secretas en Washington, que Huber Matos hijo iba a hacer quedar en ridículo al gobierno federal, me di cuenta de que la ofensiva era a lo grande y a muerte.
La Fundación Cubano Americana tenía otro serio problema, el más grave: era una organización de cubanos millonarios del exilio, aliados al gobierno norteamericano: con esa imagen no tenían ninguna posibilidad de afinidad con el pueblo cubano en aquellas circunstancias.
La dictadura castrista y la Fundación Cubano Americana se lanzaron al ataque contra el CID: era una cuestión de supervivencia para ambos. Tenían influencias y recursos casi ilimitados, y una absoluta falta de escrúpulos.
Como he relatado, el gobierno norteamericano amenazó con suspender la ayuda al país que nos amparó y asistió con las transmisiones de la Voz del CID, si continuaba transmitiendo a Cuba.
Eso es insólito, pero real.
Estoy seguro de que la dictadura le hizo una oferta al gobierno norteamericano y la aceptaron.
No hay otra explicación que pueda justificar semejante amenaza a una república latinoamericana.
Ya yo no dirigía la Voz del CID, yo estaba arrinconado, desprestigiado y sin recursos en Costa Rica.
Mi padre era y siempre había sido el líder de nuestra organización, dirigía la Voz del CID, y su honestidad nunca había sido cuestionada.
Este testimonio no es una prédica contra Estados Unidos. Admiro a ese país, su sistema de gobierno y su pueblo. Durante su historia han cometido grandes errores y logrado grandes aciertos. A la hora del balance, es un experimento democrático único en la historia de la humanidad. En vez de criticarlos debemos aprender de ellos.
Por otra parte, no comparto la ausencia de solidaridad prevaleciente en la sociedad norteamericana con los marginados y los pobres; en ese sentido Costa Rica es un ejemplo muy superior.
Este no es, tampoco, un relato contra los millonarios cubanos que apoyaron a la Fundación Cubano Americana: entre ellos hay varios cínicos y unos cuantos patriotas. También mucha gente humilde y trabajadora que les creyó y los apoyó. Uno de los hombres más dedicados y capaces del exilio cubano es Frank Calzón, quien con su disciplina y tenacidad le abrió las puertas a la Fundación en Washington y luego se apartó, para seguir luchando hasta el día de hoy por la libertad de Cuba.
El CID está vivo, sus ideales son tan válidos hoy como ayer.
En Cuba hay miles de compatriotas que serán parte de su partido político, inspirados en el propósito de alcanzar la realidad del sueño de José Martí, en los auténticos ideales democráticos de la Revolución Cubana y en el ejemplo del Comandante Huber Matos, el último de nuestros mambises.
La organización participará en el cambio hacia la democracia y en la reconstrucción social y material de nuestra nación.
San José, Costa Rica, julio 25 del 2009
Nota: Por breve, este recuento es incompleto. Lo he escrito con cuidado, tratando de no perjudicar a quienes fueron nuestros aliados y colaboradores. Anecdóticamente, la historia de Job se repitió en mi vida, he vivido un milagro detrás de otro. Hasta mis hijos han sido bendecidos en una forma que nadie pudo imaginar. Tal vez algún día este relato continuará; por ahora parte de lo que sucedió está escrito y lo mejor para Cuba está por hacer.
miércoles, julio 22, 2009
Huber Matos Araluce/Cubanálisis-El Think-Tank
En el Estado Mayor me encontré a un personaje agradable a quien agradecí la forma en que me habían tratado.
Me dijo que desde el primer momento que el Presidente había autorizado toda la ayuda posible.
-Cuenten con nosotros y salúdenos a su padre… queremos conocerlo...
Respondieron en serio a nuestras solicitudes:
-Carro sí… chofer sí…
Y mucho más:
-Le vamos a prestar un generador eléctrico de 250 Kw…
Eso era excelente.
-Y las armas que necesiten para su protección…
Todo demasiado bueno para ser verdad, pero así era.
Teníamos resuelto no sólo donde instalar los transmisores que usábamos en Miami sino también el que se estaba construyendo y que nos permitiría entrar en toda Cuba con una señal muy fuerte.
Este transmisor se fabricaba en Costa Rica; era uno de los más sofisticados de su tiempo, diseño de Roy Jiménez, un ingeniero brillante, un personaje positivo y un aliado incondicional de cuanta causa democrática necesitara su apoyo en Latinoamérica.
Roy era el dueño de Electronic Corporation, (ELCOR) una fábrica de transmisores de radio que exportaba sus equipos a todas partes del mundo.
Había conocido a Roy muchos años antes por medio de Jorge Vilaplana, un español-costarricense que era el jefe de comunicaciones del Banco Nacional de Costa Rica. Jorge estaba casado con una cubana, Olga, amiga de mi madre de Manzanillo.
Yo tenía en aquel entonces 16 años, aunque me sentía que andaba por los cuarenta. Él era un anti-norteamericano furibundo, que con la misma intensidad rechazaba a Fidel Castro por haber traicionado los ideales democráticos de la revolución.
Jorge y Olga insistieron que me viniera a vivir con ellos, y ante tanta espontaneidad acepté. Nunca compartí su anti-yanquismo exento de odio, pero con el tiempo me pareció que, aunque sincero, le divertía.
Desde el primer día en aquella casa me di cuenta de que quien no supiera de comunicaciones y de transmisores de radio estaba perdido. Todos sus amigos eran o parecían expertos.
Yo no me sentía ignorante, sino estúpido.
Me compré tres libros y los leí varias veces hasta que los entendí y dejé de sentirme incómodo en sus tertulias.
En una de ellas conocí a Roy Jiménez. Inmediatamente me di cuenta de que estaba en presencia de un personaje excepcional.
Quince años después le pedí un transmisor para la Voz del CID, un aparato muy potente, 50 Kw en onda corta, que pudiera cambiar de bandas y frecuencias en cuestión de segundos o minutos.
Mi preocupación era la interferencia con que los castristas tratarían de bloquear la señal.
No lo pensó dos veces y me dijo sonriendo:
-Yo lo diseño y aquí lo fabricamos… ni a putas los rusos van a poder interferirlo…
Cuando se hicieron las pruebas el transmisor funcionaba de maravilla y trasmitió por años durante 24 horas los siete días de la semana.
La antena fue fabricada por una empresa en California, que era consideraba la mejor del mundo en ese campo.
Cuando desde Cuba nos trataban de interferir, en cuestión de segundos cambiábamos un poco la frecuencia, burlando así la interferencia.
Entonces la dictadura debe haber pedido ayuda a los rusos, porque empezaron a usar unos transmisores muy potentes de Radio Moscú, pero igualmente no podían bloquearnos.
Roy había cumplido su palabra.
Después de casi diez años de transmisiones, la Voz del CID tenía una audiencia importante en Cuba.
La disidente María Elena Cruz Varela había dicho que nuestra programación le gustaba más a la gente que la de Radio Martí.
Era completamente lógico. Radio Martí era una emisora del gobierno norteamericano que tenía que seguir las directrices de su país.
Nosotros, por el contrario, analizábamos con toda libertad la realidad cubana y responsabilizábamos a la dictadura por sus fracasos y abusos. Además, alentábamos y orientábamos políticamente a quienes nos escuchaban.
Ahora la dictadura temía que replicáramos con la televisión lo que habíamos logrado con la radio.
Lo que estaba en juego era la formación de opinión pública en Cuba.
Si con las transmisiones seguíamos avanzando en ese sentido, reduciríamos la capacidad del régimen para mantener aislados a unos cubanos de otros. Tarde o temprano se presentaría una crisis que aceleraría el proceso.
Tele CID era clave. Con la diferencia de que las imágenes unidas a las palabras eran mucho más persuasivas.
Ellos harían lo imposible por detenernos.
Pero no solo ellos, lamentablemente, sino también otros cubanos del exilio, a quienes nuestro éxito les resultaba amenazante.
Entendía el agresivo acoso de la FCC en la Florida como parte del esfuerzo de la Fundación para neutralizarnos. Era gente con mucho dinero, relaciones y ambiciones.
Ahora no podía ignorar la información de Silvino Rodríguez, ni podía pasar por alto las preocupaciones de Robert Wilkinson.
La Seguridad del Estado había entrado en la guerra contra nosotros en Washington, o tal vez lo estaba haciendo desde hacía mucho tiempo.
Jeanne Kirkpatrick también me había hecho una advertencia.
(Continuará)
martes, julio 14, 2009
El fracaso de TV Martí (5)/ Huber Matos Araluce-Think Tank
Huber Matos Araluce/ Cubanálisis-El Think-Tank
Había llegado a un país amigo buscando respaldo para llevar los transmisores que usábamos en la Florida para transmitir la Voz del CID. El FCC (Comisión Federal de Comunicaciones) los incautaría en cualquier momento.
Un teniente había informado a su Coronel que yo estaba allí y me acompañaba hacia su oficina.
-Coronel, gracias por atenderme. Llevábamos varios meses transmitiendo a Cuba por radio desde Miami y ya los americanos están al confiscarnos los equipos…
Ando buscando un lugar para transmitir. Nosotros tenemos el respaldo del Presidente de…
Le dije el nombre del país.
-Ellos nos ayudan….
Me miró con simpatía y determinación. Era un hombre de mediana edad, todavía atlético y de pocas palabras.
-Venga conmigo, aquí los vamos a ayudar…
El Coronel conducía, yo iba de pasajero.
Juntos recorrimos la base en un jeep militar buscando un lugar apropiado.
-Coronel, este lugar es problemático, aquí va a terminar guindado un helicóptero. Usted se queda sin el aparato y yo sin las antenas. Con un poco de mala suerte también alguien se muere…
-Matos, y ¿qué le parece este otro…?
-Coronel, en este lugar tenemos el mismo problema, aquí usted pierde un avión…
La base no era pequeña, pero no encontramos nada seguro.
Al cabo de una hora nos tratábamos con más confianza.
-Matos, déjeme hacer una llamada…
-Me retiro…
-No, no, quédese…
Habó al teléfono:
-Coronel…le habla el Coronel……. Necesito que me atienda a un amigo, el le explicará lo que necesita...
Colgó después de escuchar la respuesta y se dirigió a mí:
-Matos, lo esperan mañana a las diez.
No dormí mucho esa noche, estaba emocionado. Creí que no solamente habíamos encontrado un país donde poner nuestros equipos, sino que por la disposición inicial parecía que tendríamos ayuda.
Al día siguiente antes de las diez estaba en la entrada de otra base.
Esta vez me esperaba un oficial, también en jeep, y fuimos directo a la jefatura donde conocí a un coronel más joven pero igualmente dispuesto.
Nos saludamos y después de un intercambio me dijo que no podría acompañarme, pero que buscara el lugar que necesitaba y que regresara a conversar con él.
Le dio instrucciones al oficial y otra vez subimos al jeep.
El oficial me iba dando una explicación de los diferentes departamentos y lugares de la base y entonces el corazón me dijo: aquí está el lugar.
En un momento ví una edificación que me llamó la atención, y le pregunté:
-¿Y eso que está ahí, qué es…?
-La lavandería, pero no está terminada…
-¿Podemos verla…?
-Sí, como no...
La inspección confirmó la corazonada.
La lavandería era un edificio de una sola planta, espacioso y ventilado. Cabría un transmisor grande, estudios, cuartos para el personal, etc.
Estaba un poco alejada de toda la actividad militar y al frente había un potrero donde por suerte no aterrizaban helicópteros.
Ese era el lugar de la antena, la súper antena que íbamos a poner.
-Regresemos, creo que este es el lugar…
También había visto otra construcción donde podíamos poner uno o dos de los transmisores que usábamos en Miami.
El coronel me recibió inmediatamente.
-Coronel, la lavandería nos servirá y si fuera posible también necesitamos el área del frente para poner la antena, es un rombo direccional muy grande...
-Ningún problema Matos, es de ustedes, empiecen cuando quieran…
-Coronel, hay cerca una casa que no están usando, nos serviría para nuestra gente mientras queda listo el otro sitio y además quisiéramos poner otro transmisor ahí…
-Si no la estamos usando también es suya…
-Gracias Coronel, de verdad que se lo agradezco...
Inmediatamente pregunté:
-¿Cree usted que podría hablar con alguien del Estado Mayor…?
-Matos, el… lo está esperando en el Estado Mayor, me dijo que cuando terminara aquí que lo llevaran hasta allá, quiere conocerlo... pídale un par de ametralladoras y los permisos… porque aquí es mejor andar listo… ídale también un carro y chofer… lo van a necesitar...
Nos despedimos afectuosamente, ya teníamos una buena relación con mi anfitrión.
Él moriría después en un atentado.
El fracaso de TV Martí (5)/ Huber Matos Araluce-Think Tank
lunes, julio 06, 2009
El fracaso de TV Martí (Parte 4)/ Huber Matos Araluce

El fracaso de TV Martí (Parte 4)
Huber Matos Araluce/Cubanálisis-El Think-Tank
Robert Wilkinson acababa de irse de mi casa. Me había advertido que algo serio me podía pasar. Nunca le había hablado en detalle del proyecto de la Voz del CID ni de TeleCID, ni del fracaso de TV Martí, pero él siempre parecía saberlo todo.
Quedé preocupado. Cuando los agentes de inteligencia te quieren decir algo de lo que no pueden o no quieren hablar tienen su forma. El mensaje está en las preguntas o en los comentarios.
Los de Wilkinson implicaban que alguien había “plantado” la información en el gobierno norteamericano de que yo era un agente castrista.
Si me lo decía estaría traicionado al CIA y a su país, si no me alertaba, estaría traicionando a un amigo.
Esa desinformación tenía que haber sido cuidadosamente plantada para que no se dudara de su autenticidad. Me parecía una acusación estúpida, pero no podía subestimarla, es un mundo en el que la duda es el arma de la supervivencia y la confianza el mayor de los peligros.
La Fundación Cubana Americana podía ser el origen de esta patraña. Hasta ahora Mas Canosa nos había hecho la guerra acusándome con el FBI de que yo quería atentar en su contra; o, usando al representante Dante Fascell y quien sabe a quién más en Washington, para descarrilar nuestros proyectos de radio y televisión a Cuba.
Aunque ellos habían decidido sacarme del medio me inclinaba a pensar que era una operación de Seguridad del Estado. Tal vez usaron a alguien de la Fundación o un doble agente en el FBI.
No podría enterarme por el momento ni podía ponerme a divagar; quienquiera que fuera, era el enemigo y se encontraba muy cerca. Era una situación nueva en mi experiencia.
Meses atrás, de Washington me habían solicitado permiso para estudiar la seguridad de mi casa. No me explicaron mucho. Tendrían sus razones y en estos asuntos uno no anda preguntando, se agradece el interés por la seguridad de todos en la familia y se espera los resultados; al cabo de varios días me dieron sus recomendaciones.
También me dijeron que alguien entraba y salía por la noche de la casa. Me alarmé hasta que descubrimos que el infractor era Esteban, el mayor de los hijos, que había inventado una forma de escabullirse sin permiso y salir y entrar cuando estábamos dormidos.
Ahora las nuevas realidades eran el éxito de la Voz del CID, el potencial de TeleCID y el fracaso de TV Martí.
Yo no era el problema, era el estorbo.
El mayor peligro que afrontábamos era nuestro proyecto político, el esfuerzo y la esperanza de miles de personas.
Por primera vez en el exilio una organización, el CID, (Cuba Independiente y Democrática) había nucleado en forma organizada y disciplinada a miles de activistas cubanos, tanto en los Estados Unidos como en Latinoamérica, incluso en Europa.
Eran gente con nivel, dedicada, idealista, que admiraban a mi padre y compartían con él el ideal de una Cuba con progreso y justicia social, una Cuba amiga de los Estados Unidos, pero no sometida a Washington.
En 1979, al salir de la cárcel, mi padre había dicho que lo primero que teníamos que hacer era ganar la lucha ideológica, y que cuando llegara el momento las Fuerzas Armadas apoyarían al pueblo y el cambio vendría.
Su prestigio dentro de Cuba y las transmisiones de la Voz del CID motivaban a miles de cubanos en la isla. La audiencia crecía y teníamos noticias de personas interesadas en organizarse.
Pero preferíamos que la gente trabajara en pequeños grupos aislados o, simplemente, que fueran simpatizantes. Tenían que evitar la infiltración de la Seguridad del Estado porque en esos momentos lo importante era la siembra de ideas y de esperanza.
La voz del CID había comenzado a transmitir sus programas de radio desde Miami en 1981. Mi hermano Rogelio, un ingeniero eléctrico que se había especializado en el diseño de circuitos digitales, era quien la dirigía.
Con otros compañeros del CID usaban transmisores que movían con frecuencia de un lugar a otro, donde ya tenían antenas dirigidas hacia Cuba. Era un juego de gato y ratón con el FCC (la Comisión Federal de Comunicaciones).
Poco a poco el FCC iba cercando a Rogelio y a su grupo. El me iba comentando que el espacio de maniobra se les reducía.
Llegaron las notificaciones legales y Rogelio me dijo:
-Hay que salir de los Estados Unidos...
Me monté en un avión hacia un país latinoamericano sin la menor idea de lo que iba a pasar.
No teníamos el apoyo del gobierno estadounidense y hacia donde volaba solo conocía a algunas personas. Tenía el nombre de mi padre y eso abría las puertas mejor que nada.
Llegué temprano y un oficial me anunció por teléfono.
-Mi coronel, aquí está un señor que se llama Huber Matos y dice que quiere hablar con usted…
-Huber Matos…el cubano…
-Sí mi coronel, dice que es el hijo mayor y que se llama igual…
- Teniente, tráiganlo a mi oficina…
El fracaso de TV Martí (Parte 4)/ Huber Matos Araluce
lunes, junio 15, 2009
El fracaso de TV Martí ( 3 )/ Huber Matos Araluce
Huber Matos Araluce/
Cubanálisis-El Think-Tank
Interludio: ¿Quién era Robert Wilkinson?
En la segunda parte de este relato sobre el fracaso de TV Martí introduje un diálogo con el agente norteamericano Robert Wilkinson, a propósito de nuestra determinación de transmitir televisión a Cuba. Wilkinson había llegado a mi casa en Miami para advertirme que estaba corriendo graves riesgos.
-Hijo, creo que te van a matar, y si no te matan te van a hacer algo terrible…
Así terminó la conversación con Wilkinson, a quien yo había conocido a los 17 años de edad, en 1962, cuando viajé desde Costa Rica a los Estados Unidos.
En San José vivía con mi hermano Rogelio, un año menor que yo, él se alojaba en casa de Don Moisés Herrera y su esposa Doña Rosita. Nuestro padre estaba preso y nuestra madre había decidido quedarse en la isla.
Después de una conversación que Rogelio escuchó entre sus anfitriones, decidimos no seguir bajo el amparo del gran amigo de mi padre y su familia, que se encargaban de que no nos faltara absolutamente nada.
Rogelio me había contado que en la conversación los esposos habían decidido tenernos en cuenta a la hora de repartir su herencia.
Me preguntó:
-¿Qué quería decir aquello? ¿Qué nunca volveremos a Cuba?
La implicación era grave para nosotros. No había otra opción, teníamos que dejar la buena vida e irnos a los Estados Unidos a vivir como exiliados. Allá teníamos una hermana menor, Lucy, en un internado. Don Moisés, que era como un padre, nos comprendió.
Al llegar del aeropuerto de Miami, adonde había viajado legalmente, me llevaron a un campo de retenidos donde había muchos cubanos, 50 o más, todos adultos.
Estábamos allí para ser investigados o interrogados, no sé. En mi caso querían saber todo lo que recordaba de mi padre y su relación con Camilo, Fidel, etc. A los tres días estaba más que molesto.
Entonces llegó un individuo con personalidad, definitivamente norteamericano, pero que hablaba español como un cubano. Se presentó como periodista y me dijo que quería hacerme una entrevista. Le respondí descortésmente que estaba cansado de preguntas y de estar en ese lugar. Recuerdo su respuesta:
-¿Quieres irte de aquí…?
-Por supuesto, esto es aburridísimo y no se puede ni dormir bien…
-Espérame un momento…
Pasó un rato cuando lo vi venir entre las camas que estaban a uno y otro lado del pasillo. Me dijo:
-Coge tus maletas, que nos vamos.
Yo pensé “Sí, claro, con todos los guardas que hay y un periodista, como Mandrake el Mago, nos va a hacer desaparecer de aquí y terminamos en la calle.”
Pero recogí un par de maletas y lo seguí.
Alguna gente nos miraba, otros ni caso nos hacían. No me sentía bien diciendo adiós a quienes habían sido amables conmigo y se quedaban, ni me sentía bien por los que no conocía. Eran cubanos y se notaban preocupados, tenían que rehacer sus vidas.
Aquello parecía una base militar, tal vez lo había sido alguna vez. Para mi sorpresa los guardas nos dejaron pasar y salimos.
Wilkinson iba conversando, como para darme confianza. Nos montamos en un auto y me dijo:
-¿Para dónde quieres ir…?
-Voy para New Jersey, pero quiero pasarme unos días en Miami; aquí tengo una dirección de Vicente Rodríguez, que fue capitán de mi padre en Camagüey…
-O.K. Vamos para allá…
Vicente ya no vivía allí, se había mudado. Le di otra dirección y pasó lo mismo. Wilkinson me dijo que aquí la gente se mudaba mucho. Entonces me hizo una oferta.
-¿Por qué no vamos a casa y desde allí localizas a tus amigos por teléfono…?
-Está bien…
Llegamos a su casa, llamó a su esposa Mary Louise, extremadamente cariñosa y auténtica; su hija Patricia, tímida pero amable, y su hijo John, joven flaco y altísimo, quien me saludó con reserva pero con simpatía.
Todos amaban a Cuba. Pasé una semana con los Wilkinson. Desde entonces fui parte de aquella familia. En 1992 murió “María Luisa” y yo despedí el duelo. En nuestro bote regamos sus cenizas en la bahía de Miami. John llegaría a Brigadier General de la Fuerza Aérea de EEUU. Patricia trabajó en del Departamento del Tesoro.
Viajé a New Jersey y, años después, cuando yo trabajaba en el Chase Manhattan Bank de Wall Street, Robert me llamó por teléfono para invitarme a almorzar. Nos reunimos.
-¿Qué haces por New York…?
-Nos pidieron ayuda, y voy a pasar unos días en la ciudad…
Le pregunté inocentemente:
-¿Pero qué ayuda…?
-Hay que vigilar a alguien que llega a la misión rusa en la ONU…
Me sorprendió y casi me callo, pero le pregunté:
-¿Como se hace eso…?
-Es una operación donde interviene mucha gente. Hay personas en varias calles, por delante, por detrás y por los costados, por donde quiera que vaya alguien estará vigilando…
No hice más preguntas. Entendí algunas cosas, entre ellas aquella salida del campo de retenidos, años atrás.
En 1976, la mañana después de un atentado contra mi vida en San José de Costa Rica, Wilkinson me llamó desde Madrid al Hospital Clínica Bíblica:
-Hijo, ¿cómo está esa herida…?
-Como estoy sedado, no duele nada. Los médicos dicen que por suerte la bala se desvió al entrar al hombro, de lo contrario podía haber sido peor…
-El hombre que te disparó ya salió de Costa Rica. Estamos detrás de él…
No le hice preguntas. Nunca quise hacerle preguntas, no quería saber las respuestas. Era como un pacto de caballeros.
Ahora, Robert Wilkinson se acababa de ir de mi casa y me había dejado la advertencia de que algo serio me podía pasar.
Nunca le había hablado en detalle del proyecto de la Voz del CID ni de TeleCID, ni del fracaso de TV Martí, pero él siempre parecía saberlo todo. Ya no era “el periodista” joven y fuerte que había conocido a mis diecisiete años. Entonces tenía un control total sobre sus emociones.
Ahora el ligero temblor de su rostro y la angustia de sus ojos delataban lo que no me había querido contar.
(Continuará)
El fracaso de TV Martí ( 3 )/ Huber Matos Araluce
lunes, junio 01, 2009
El fracaso de TV Martí ( I )-Hubert Matos Araluce

El fracaso de TV Martí ( I )
Huber Matos Araluce Cubanálisis-El Think-Tank
Las frecuencias de televisión se transmiten en línea recta, como la luz de un reflector. Por la curvatura de la tierra, a cierta distancia siguen directo y se pierden en el espacio. Una opción para evitar que la señal se pierda en el espacio es colocar el transmisor a una altura tal que las ondas transmitidas lleguen a la zona que se quiere cubrir.
Por esta razón los ingenieros de TV Martí subieron su transmisor en un globo –Fat Albert– que flota a 10,000 pies de altura amarrado a un cable en Cayo Cudjoe en la Florida.
Esta modalidad tiene la limitación de que el peso del transmisor no puede ser muy grande, y en consecuencia su potencia es limitada. Para superar esto se utilizó una antena direccional que, como el foco de una linterna, dirige toda la energía hacia un objetivo: la Habana y sus alrededores.
Dadas esas condiciones, fue muy fácil para el régimen castrista interferir la señal de TV Martí desde el principio, con aparatos rudimentarios y con poca potencia. Fue por esta razón que TV Martí se convirtió en un fracaso para la oposición democrática y un triunfo para la dictadura. Desde el punto de vista de ingeniería el fracaso era fácilmente previsible.
Ante el desastre, la señal de TV Martí también se transmite vía satélite, pero esto requiere una antena parabólica y un equipo de recepción especial que está fuera del alcance de la mayoría de los cubanos. Igualmente, el uso de un avión con el mismo propósito tiene otras limitaciones, no solo de orden técnico, sino también político.
El hecho es que TV Martí ha gastado y sigue gastando una suma fabulosa de dinero. Es un proyecto fácil de cuestionar por su ineficiencia. Un daño colateral de esta situación es que ha expuesto a Radio Martí a críticas que pueden tener mayor o menor peso, pero que le perjudican.
Callar la verdad sobre TV Martí daña a todos los que creemos que la televisión es un componente muy importante en el derecho de información del pueblo cubano. No creemos que cerrar TV Martí sea la solución. Si la técnica de transmisión que se utilizara fuera diferente, TV Martí llegaría a Cuba, y los recursos aprobados por el Congreso tendrían un uso eficiente.
El fracaso de TV Martí y el éxito de Miguelito Antena
Si TV Martí continúa sin verse en Cuba –pese a los millones que cuesta su operación– porque es muy fácil para el régimen interferir su señal, emitida desde un globo, hay que buscar otra alternativa y ponerla en práctica.
En 1990 cuando el Congreso aprobó más de siete millones de dólares para las pruebas de transmisión de Radio Martí, ya TeleCID, -del movimiento Cuba Independiente y Democrática- llevaba varios meses experimentando con un transmisor de televisión a 10,000 pies de altitud. En lugar del globo se usaba un helicóptero.
Se despegaba del aeropuerto de Tamiami, para aterrizar en un camino solitario donde se le colgaba al gancho de carga un sistema de ocho antenas direccionales, para luego volar hacia el sur. Después de varios meses superando dificultades podíamos enviar la señal a más de ciento cuarenta y cinco millas de distancia. Pero no estábamos satisfechos, el problema a resolver era siempre el cómo evadir o anular la interferencia con más potencia y más flexibilidad.
Alguien dijo entonces: “Hay que buscar a Miguelito Antena”, un cubano que en La Habana instalaba antenas para recibir los canales de televisión de la Florida. Dos semanas después lo encontramos en Hialeah. Era un personaje lleno de energía, inteligencia y simpatía: “Sí, yo era el que ponía las antenas, ese era mi negocio. Con regularidad hay canales de la Florida que se ven en Cuba y a veces con una potencia tan grande que tumba los canales cubanos”.
Nadie daba una explicación a ese misterio. Buscando una respuesta visité la Biblioteca del Congreso en Washington. Una asistente escuchó con mucha atención el tema y luego desapareció por un pasillo. Algo así como media hora después regreso con tres libros: “Esto es lo que pude encontrar, espero que le sirva”. Estaba completamente ansioso revisando los libros; en el segundo estaba la respuesta: “En ciertas condiciones de humedad y temperatura, la tropósfera permite que las señales de radio y televisión viajen hasta cientos de millas…en ciertas partes del mundo esas condiciones son muy frecuentes… también en ciertos casos se forman ductos en la tropósfera que transmiten la señal a grandes distancias con mucho más potencia”. La tropósfera es la capa de la atmósfera que pegada a la tierra sube hasta una altitud de 16 kilómetros en las zonas ecuatoriales.
Conocía que las señales de onda corta rebotan de la ionosfera –que está entre 80 y 800 kilómetros de altitud. Es como un espejo que, al reflejar la señal una y varias veces, permite que esta alcance grandes distancias. Así llegaba a Cuba la señal de la Voz del CID; Radio Moscú trataba de interferirnos, pero no podía hacerlo porque el transmisor principal había sido diseñado por un brillante ingeniero para moverse de frecuencia y de banda con tanta facilidad que cualquier interferencia era evadida en segundos.
Dejamos el helicóptero como medio de transmisión secundario y dos meses después viajábamos en el barco de un cubano, pescador de langostas, que vivía en los cayos. Habíamos instalado un generador muy grande de segunda mano, que suplía potencia suficiente al transmisor. Nos dirigíamos hacia el sur de los Cayos Marquesas buscando aguas internacionales. Allí comenzaron las trasmisiones de TeleCID con suficiente potencia para saturar el área de la tropósfera hacia donde dirigíamos las antenas. Las transmisiones llegaron a Cuba y cubrieron más de 400 kilómetros de distancia. Miguelito Antena tenía razón.
El fracaso de TV Martí y la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC)
Con esos buenos resultados me reuní con gente que quería ayudarnos económicamente, les propuse fabricar cuatro transmisores de alta potencia e instalarlos en barcos usados que podíamos alquilar a bajo precio. Con antenas de alta ganancia podíamos cubrir toda la isla, transmitir por diferentes canales simultáneamente y cambiar de canales en cualquier momento. El presupuesto era tan bajo que no lo querían creer.
El esfuerzo de interferencia de la dictadura sería tan costoso, y técnicamente tan complejo, que la señal de televisión llegaría a un porcentaje sustancial de los cubanos. Se había abierto todo un nuevo frente para debilitar la censura. Estuvieron de acuerdo y con un brindis cerramos el trato.
Pedí una cita a Antonio Navarro, el jefe de Radio y TV Martí. Hablamos sobre la interferencia contra la señal de TV Martí y le propuse: “Antonio, facilítame la programación de TV Martí y nosotros la transmitiremos a Cuba…hemos hecho pruebas exitosas y los técnicos están seguros de que no podrán interferirlas fácilmente…ustedes no tienen que responsabilizarse por nada…simplemente nos dan copias de la programación y nosotros las transmitimos”.
Me miró atentamente y me dijo: “Huber, no me metas en candela.” No era la respuesta que pensaba escuchar, pero tal vez Navarro no quería complicarse la vida. Otra sorpresa me esperaba en esa visita a Washington: la llamada de un funcionario de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). La cita fue en una cafetería. Ellos sabían de nuestros esfuerzos por transmitir la televisión a Cuba pero no habían querido ayudar. Me dijo: “Estamos al tanto de las pruebas y de lo que han logrado… pero tienes un problema... Dante Fascell ha dicho que no pueden permitir que el hijo de Huber Matos haga quedar en ridículo al gobierno federal… cuídate”.
Unos días después llegaron a mi oficina en Miami varios funcionarios de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) del gobierno norteamericano. Las advertencias fueron cortantes: Si sigues transmitiendo televisión te vamos a confiscar el barco y los equipos, te vamos a multar con $200,000, te vamos a meter dos años en la cárcel y cuando cumplas la condena te vamos a deportar de los Estados Unidos.
Les respondí: “Estamos transmitiendo desde aguas internacionales y ustedes no tienen jurisdicción ahí. El gobierno que ustedes representan le acaba de regalar un transmisor de radio a Jonas Savimbi en Angola y me parece que, por lo que acaban de decir aquí, esas transmisiones también son una violación de tratados. Ustedes transmiten televisión a Cuba, pero nosotros los cubanos no podemos hacerlo; creo que se equivocaron”.
Cuando se fueron recordé la reciente advertencia que semanas atrás me había hecho un plantado, el ex prisionero político Silvino Rodríguez Barrientos: “Huber, cuídate, ha habido una reunión secreta de la dirigencia de la Fundación (CANF)…la decisión que tomaron es que había que sacarte del medio”. Si había alguien bien informado en Miami era Silvino, que además era un hombre valiente e integro. Pero, para mí, eso de sacarme del medio no era fácil: vivíamos en los Estados Unidos. Silvino me miró con preocupación y creo que hasta con un poco de tristeza.
Empezaba a armarse el rompecabezas: la información de Silvino; el comentario de Antonio Navarro de evitar el fuego; la opinión del representante al Congreso Dante Fascell, entonces jefe del Comité de Asuntos Exteriores en Washington; la advertencia del funcionario de la CIA, y la visita de la FCC.
El fracaso de TV Martí: “Quizás Washington está contento de que TV Martí no se vea en Cuba.”
No estábamos dispuestos a capitular tan fácil. Recordé que una familia importante, muy amiga de un presidente latinoamericano, se había ofrecido a ayudarnos si alguna vez queríamos conversar con él. Los llamé y esa misma semana aterrizaba en el país amigo. Eran las siete y media de la noche y un oficial de la presidencia me esperaba en el aeropuerto.
“Bienvenido a…, el Presidente lo va a recibir”. Me llevaron directo al palacio de gobierno.
Uno de los custodios que me acompañaban me dijo que esperara un momento. Cuando la puerta se abrió el presidente dio unos pasos y me extendió la mano:
- “Bienvenido señor Matos, mucho gusto en conocerlo; estamos terminado de ver una película ¿tendría el gusto de acompañarnos?”.
Entramos a un pequeño cine donde se encontraban algunas personas. Aproximadamente tres cuartos de hora después me volvió a desconcertar:
- “Tengo ahora una reunión con gente del partido, ¿le gustaría venir con nosotros?”
Salimos de palacio en varios autos, todos parecían idénticos. El trato no era el que esperaba: había imaginado una entrevista de 30 minutos durante el día. El presidente estaba interesado en conversar sobre Cuba y sobre mi padre. No mencionó la razón de mi visita y yo guardé discreción. Regresamos a palacio después de la 1 a.m., pidió café y me dijo:
- ¿En qué podemos ayudarlos?
- Señor Presidente, los norteamericanos están transmitiendo televisión a Cuba. TV Martí no puede verse en la isla porque fácilmente interfieren la señal. Nosotros usamos un transmisor más potente y otra técnica de transmisión. Sabemos que a la dictadura le es muy difícil evitar que nuestra señal se vea, pero hay gente importante en Miami que está moviendo sus influencias en Washington para frenar nuestro proyecto.
- ¿Qué necesita?
- Necesitamos que usted nos permita ponerle la bandera de su país al barco que usamos, porque vamos a continuar con las transmisiones.
Con cierta firmeza contestó:
- “Cuente con eso, pero le sugiero que se alejen de las costas de la Florida ¿algo más?”.
Agregué:
- “¿Podría usted llamar al presidente de los Estados Unidos y decirle que el barco nuestro tendrá la bandera de su país?”
Amablemente contestó:
- “Matos, yo soy el presidente de…., yo no tengo que darles explicaciones ni pedirles permiso a los americanos.”
La respuesta era patriótica pero yo no quedé muy convencido. Me pidió que le explicara sobre la interferencia a TV Martí y lo hice. Se quedó pensativo y me dijo:
- “Quizás Washington está contento de que TV Martí no se vea en Cuba.”
Salí tan feliz de la reunión que no sé cuantas veces le di gracias a Dios por los resultados. Si transmitíamos la televisión a Cuba el régimen sería completamente vulnerable. No teníamos dinero para la programación, pero sí para comprar y operar varios transmisores más. En todo caso, Héctor Pérez, un mexicano-americano productor de televisión de Chicago, me había dicho:
“No te preocupes por el dinero de la programación, si TV Martí no te da los programas yo los hago.”
Al regresar a Miami tenía que conversar con Félix Toledo y planear con él los próximos pasos. Félix, además de patriotismo, tenía todo lo que hacía falta para hacer que las cosas funcionaran.
Yo no tenía ni idea de lo que me esperaba en Miami.
El fracaso de TV Martí ( I )-Hubert Matos Araluce
"EN TIEMPOS DIFÍCILES" - Heberto Padilla
A aquel hombre le pidieron su tiempo
para que lo juntara al tiempo de la Historia.
Le pidieron las manos,
porque para una época difícil
nada hay mejor que un par de buenas manos.
Le pidieron los ojos
que alguna vez tuvieron lágrimas
para que contemplara el lado claro
(especialmente el lado claro de la vida)
porque para el horror basta un ojo de asombro.
Le pidieron sus labios
resecos y cuarteados para afirmar,
para erigir, con cada afirmación, un sueño
(el-alto-sueño);
le pidieron las piernas
duras y nudosas
(sus viejas piernas andariegas),
porque en tiempos difíciles
¿algo hay mejor que un par de piernas
para la construcción o la trinchera?
Le pidieron el bosque que lo nutrió de niño,
con su árbol obediente.
Le pidieron el pecho, el corazón, los hombros.
Le dijeron
que eso era estrictamente necesario.
Le explicaron después
que toda esta donación resultaria inútil.
sin entregar la lengua,
porque en tiempos difíciles
nada es tan útil para atajar el odio o la mentira.
Y finalmente le rogaron
que, por favor, echase a andar,
porque en tiempos difíciles
esta es, sin duda, la prueba decisiva.
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“…después de todo, para mí la cárcel es un buen descanso, que sólo tiene de malo el que es obligatorio. Leo mucho y estudio mucho. Parece increíble, las horas pasan como si fuesen minutos y yo, que soy de temperamento intranquilo, me paso el día leyendo, apenas sin moverme para nada. La correspondencia llega normalmente…”
“…En cuanto a fumar, en estos días pasados he estado rico: una caja de tabacos H. Upman del doctor Miró Cardona, dos cajas muy buenas de mi hermano Ramón….”.
“Me voy a cenar: spaghettis con calamares, bombones italianos de postre, café acabadito de colar y después un H. Upman #4. ¿No me envidias?”.
“…Me cuidan, me cuidan un poquito entre todos. No le hacen caso a uno, siempre estoy peleando para que no me manden nada. Cuando cojo el sol por la mañana en shorts y siento el aire de mar, me parece que estoy en una playa… ¡Me van a hacer creer que estoy de vacaciones! ¿Qué diría Carlos Marx de semejantes revolucionarios?”.
"No temas ni a la prision, ni a la pobreza, ni a la muerte. Teme al miedo" - Giacomo Leopardi
¨Por eso es muy importante, Vicky, hijo mío, que recuerdes siempre para qué sirve la cabeza: para atravesar paredes¨– Halvar de Flake [El vikingo]
"Como no me he preocupado de nacer, no me preocupo de morir" - Lorca
"Al final, no os preguntarán qué habéis sabido, sino qué habéis hecho" - Jean de Gerson
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Para Raul Castro
Cuba ocupa el lugar 147 entre 153 paises evaluados en "Democracia, Mercado y Transparencia 2007"
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- Yo Acuso al regimen de Castro
Cuando vinieron
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, Callé: yo no soy sindicalista.
Cuando vinieron a buscar a los judíos, Callé: yo no soy judío. Cuando vinieron a buscar a los católicos, Callé: yo no soy “tan católico”.
Cuando vinieron a buscarme a mí, Callé: no había quien me escuchara.
Reverendo Martin Niemöller
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- Reforma de la agricultura en Cuba: Angel Castro observa orgulloso al Sub-Latifundista de Biran al Mando*
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CUBA LLORA Y EL MUNDO Y NOSOTROS NO ESCUCHAMOS
Donde estan los Green, los Socialdemocratas, los Ricos y los Pobres, los Con Voz y Sin Voz? Cuba llora y nadie escucha.
Donde estan el Jet Set, los Reyes y Principes, Patricios y Plebeyos? Cuba desesperada clama por solidaridad.
Donde Bob Dylan, donde Martin Luther King, donde Hollywood y sus estrellas? Donde la Middle Class democrata y conservadora, o acaso tambien liberal a ratos? Y Gandhi? Y el Dios de Todos?
Donde los Santos y Virgenes; los Dioses de Cristianos, Protestantes, Musulmanes, Budistas, Testigos de Jehova y Adventistas del Septimo Dia. Donde estan Ochun y todas las deidades del Panteon Yoruba que no acuden a nuestro llanto? Donde Juan Pablo II que no exige mas que Cuba se abra al Mundo y que el Mundo se abra a Cuba?
Que hacen ahora mismo Alberto de Monaco y el Principe Felipe que no los escuchamos? Donde Madonna, donde Angelina Jolie y sus adoptados around de world; o nos hara falta un Brando erguido en un Oscar por Cuba? Donde Sean Penn?
Donde esta la Aristocracia Obrera y los Obreros menos Aristocraticos, donde los Working Class que no estan junto a un pueblo que lanquidece, sufre y llora por la ignominia?
Que hacen ahora mismo Zapatero y Rajoy que no los escuchamos, y Harper y Dion, e Hillary y Obama; donde McCain que no los escuchamos? Y los muertos? Y los que estan muriendo? Y los que van a morir? Y los que se lanzan desesperados al mar?
Donde estan el minero cantabrico o el pescador de percebes gijonese? Los Canarios donde estan? A los africanos no los oimos, y a los australianos con su acento de hombres duros tampoco. Y aquellos chinos milenarios de Canton que fundaron raices eternas en la Isla? Y que de la Queen Elizabeth y los Lords y Gentlemen? Que hace ahora mismo el combativo Principe Harry que no lo escuchamos?
Donde los Rockefellers? Donde los Duponts? Donde Kate Moss? Donde el Presidente de la ONU? Y Solana donde esta? Y los Generales y Doctores? Y los Lam y los Fabelo, y los Sivio y los Fito Paez?
Y que de Canseco y Miñoso? Y de los veteranos de Bahia de Cochinos y de los balseros y de los recien llegados? Y Carlos Otero y Susana Perez? Y el Bola, y Pancho Cespedes? Y YO y TU?
Y todos nosotros que estamos aqui y alla rumiando frustaciones y resquemores, envidias y sinsabores; autoelogios y nostalgias, en tanto Louis Michel comulga con Perez Roque mientras Biscet y una NACION lanquidecen?
Donde Maceo, donde Marti; donde aquel Villena con su carga para matar bribones?
Cuba llora y clama y el Mundo NO ESCUCHA!!!
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