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http://www.emanaciones.com/Ahora se habla mucho del embargo. Yo estoy a favor de levantar el embargo. También estoy a favor de matar a los Castro. Si levantan el embargo tal vez se facilite la tarea. A mayor apertura mayor posibilidad de meter una bala en la cabeza a esos dos asesinos. ¿No? Piénsenlo. Matar a los Castro, enmendemos a Camus, es el único problema filosófico verdaderamente importante. Si los islopavorosos no matan a esas dos alimañas el grado de envilecimiento histórico del país alcanzará tales cotas que ya nada podrá salvarse. Se necesitarán al menos cien años de libertad para que regresen a la isla niveles de decencia compatibles con la existencia humana.
La política norteamericana hacia la isla pavorosa ha sido estúpida y racista. La historia de las relaciones entre las víctimas de la dictadura y el gobierno norteamericano es una historia de traiciones y canalladas. A pesar de ello, los cubanos tienen una primitiva propensión a mirar el mundo a través del ojo del culo de los norteamericanos. Padecen de un incurable complejo de inferioridad. Me atrevería a decir que hasta el mismísimo Montón de Mierda en Jefe lo único que ha anhelado secretamente toda su vida es ser entollado por un gringo enorme. De ahí su odio al Imperio. Para no hablar del hermanito que mientras disfruta estoico que lo entolle algún jíbaro oriental sueña con un rubio anglosajón de rojas mejillas. Los cubanos, a lo largo de medio siglo, hemos deseado secretamente una invasión norteamericana.
(En otro momento hablaré de nuestras sensatas aspiraciones anexionistas).
He ahí, condensada, la tragedia: nunca hemos dejado de ser indígenas que miran deslumbrados al colonizador blanco que los salvará. ¿Queda esperanza? Sí, los más jóvenes. Pero es necesario matar a los padres. A los dos padres. Fíjense en que no tenemos madre. Un significativo detalle.
Nuestro futuro depende de esos cadáveres.



